Isidro: Me llamo Isidro Jiménez y soy uno de los fundadores del colectivo ConsumeHastaMorir, un proyecto que nace en 2002 de un grupo de personas interesadas por los desmanes de la sociedad de consumo. Además de esto, compartíamos el interés por la comunicación alternativa y nos pareció que la contrapublicidad era una herramienta interesante para llegar a determinados públicos. Al final, la contrapublicidad sólo es una herramienta más de la comunicación social, pero a nosotrxs nos sirvió, al principio, para darle sentido a nuestro proyecto.
Ismael: Tengo
la impresión muy a menudo de que llevamos años viviendo dentro de
unos gigantescos anuncios que sólo hasta que hace unos años, la mal
llamada "postmodernidad" empieza a desennmascarar, unos y
otros nos hemos tragado. Quizá el capitalismo era "marca A"
pero el comunismo era "marca B". Ambos nos prometían la
sociedad perfecta, ambos generan una propaganda omniabarcadora de
carácter autoritario que comienza en la escuela y ambos quizá son
cara y cruz de una misma moneda que no plantea cambios sustanciales
en la cadena de producción, distribución y consumo que nos ha hecho
caminar hacía el abismo. ¿Podría ser "consumehastamorir"
heredero directo del antiautoritario"espíritu de mayo"
que desde sus eslóganes contrapublicitarios nos despertase del
letargo recordándonos que "marca a" y "marca b"
a fuerza de buscar la sociedad económicamente perfecta se estaba
olvidando de salvaguardar el planeta por un lado, y lo comunitario
por otro, lo que nos hace realmente humanos?
Isidro: Bueno,
yo creo que ConsumeHastaMorir hereda o se alimenta de varias
tradiciones. Por un lado estaría un creciente movimiento
anticonsumista, que tiene varias patas (movimiento antiglobalización,
movimiento decrecentista, ecologismo social...) pero que se hace más
sólido y visible a finales del siglo XX. Probablemente ante la
evidencia de que el sacrosanto consumo, gran dogma neoliberal, es la
forma más obscena de adoctrinamiento ideológico que haya existido
nunca (Baudrillard habló de esto hace ya muchas décadas). La
progresiva mercantilización de todo lo imaginable (no sólo de lo
público, sino también de lo que ya estaba en el mercado) ha
necesitado un paradigma teórico paralelo, una mezcla de liberalismo
económico y ética del progreso. Así que cuando pones en duda la
idea de consumo creciente saltan las alarmas hasta de los sindicatos.
Por
otro lado, hemos aprendido mucho de colectivos que han intentado
innovar y experimentar con la comunicación, el lenguaje (la
semiótica del poder, que suena mejor). En esta línea, cuando
nosotros llegamos, ya había bastantes colectivos que hacían
guerrilla comunicativa, subvertising o acción contracultural.
Teníamos claro, eso sí, que la comunicación no podía ser para
nosotrxs un experimento artístico. Al fin y al cabo crecimos como
proyecto dentro de una asociación y unos movimientos sociales que
tenían necesidades comunicativas diarias.
Al
final, la comunicación social (nada que ver con las redes sociales,
que son muy recientes) es una cuestión de equilibrios: difundir unos
mensajes minoritarios intentando romper las círculos de la
comunicación endogámica, sin hacer arte pero intentando sobresalir
entre una enorme maraña de mensajes comerciales. Ahí es nada.
Ismael: A principios del siglo XX tuvo un auge enorme en nuestro país el
movimiento libertario, llegando a su momento culminante con la
revolución de 1936. Releyendo a los clásicos del movimiento, y
acudiendo a los orígenes de la escuela moderna de Ferrer y Guardia o
a los Ateneos Libertarios, vemos que quizá el trabajo empieza mucho
antes en el campo educativo, que siembra la revolución que llegará
después. Ellos eran a su vez excelentes propagandistas y
conocían el valor de la publicidad mientras depositaban una inmensa
fe en el potencial emancipador de la cultura y de la educación.
¿Podría ser hoy, en pleno siglo XXI, la contrapublicidad el
principal arma de la contraeducación?
Isidro: El
historial comunicativo del anarquismo es impresionante, sólo hay que
ver el manejo que había de las imprentas casi artesanales o el
dominio del lenguaje simbólico en los carteles de la guerra civil. Y
en esos mismos carteles, efectivamente, se hacía referencia
constante a la cultura y a la educación como las fuerzas
emancipatorias del pueblo. Lo curioso es que, en realidad, el
problema sigue siendo el mismo: como todo el mundo sabe, la
publicidad nunca ha sido un servicio al público (hacer
público lo que es de interés público), sino que es un tipo de
comunicación persuasiva que engrasa el engranaje del sobreconsumo
constante e incesante. Pero lo más interesante es que esa
comunicación persuasiva no sólo dice “Tengo un producto nuevo
para tí”, sino que dice “Tengo un estilo de vida que te hará
feliz”. Aquí hay un salto cualitativo, porque la publicidad no
sólo informa, sino que genera ideología. ¿Y cómo se defiende uno
de esta ideología? Efectivamente, con una perspectiva crítica
(cultura y educación), que no se estudia prácticamente en casi
ninguna universidad. Así que volvemos a como estábamos: se habla
mucho de la ciudadanía crítica, pero eso parece sinónimo de saber
buscar rápidamente mucha información. Luego te proponen que vivas
sin teléfono móvil y te da un ataque al corazón. De nuevo el
consumo es incuestionable. Quizás por eso, la contrapublicidad tiene
un papel, aunque modesto, recordándonos que el consumo es un
ideología.
Ismael: Gracias por tu colaboración con "disidentecontrayente" Isidro. Si queréis seguir profundizando en el universo de la contrapublicidad de "consumehastamorir" tenéis mogollón de información, artículos e incluso documentales realmente pedagógicos a golpe de un click en http://www.letra.org/spip/

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